miércoles, 9 de febrero de 2011

UNA ANECDOTA DEL GENERAL BELGRANO


Manuel Belgrano (1770-1820), ha sido uno de los mayores generales argentinos, habiendo cumplimentado un rol fundamental en la Independencia de nuestra patria.
Abogado, hombre sumamente formado, se convirtió en militar en salvaguarda de los principios de la Revolución de Mayo. Sin embargo, tenía una excentricidad: era el único militar que usaba en sus uniformes adornos de paño verde.
Tal hecho dió orígen, mientras se desempeñaba como General en Jefe del Ejército del Norte, que un soldado, pícaro e ingenioso, lo bautizara con el apodo de "Cotorrita", sobrenombre que luego se hizo muy popular entre la tropa.
En una ocasión, Belgrano, alarmado por el auge que habían alcanzado los juegos de azar en el campamento, resolvió prohibirlos.
La orden era severa y nadie, al parecer, se atrevía a contrariarla. Sin embargo, el general desconfiaba...
El prócer tenía la costumbre de recorrer el campamento, en tren de inspección, solo, sin escolta y aún de noche, disfrazado a fin de no ser reconocido.
En una de esas incursiones, realizada en una noche cerrada, observó un núcleo, una especie de mancha perfilada por un resplandor apenas perceptible.
Intrigado al principio, sospechó luego lo que aquella sombra y aquel resplandor pudieran ser soldados jugando. Dispuesto a verificar su presunción, fué acércandose al lugar con mayor cautela.
¡No se había equivocado! La mancha negra era un grupo de soldados entregados a la práctica del juego.
Para evitar que se viera la escasa luz de una vela fijada en el suelo, los jugadores, sentados los de la primera fila y de pie los de segunda, formaban una apretada rueda que impedía el paso de los rayos luminosos.
Notó el general que, al hacer las apuestas, se acercaba a la luz, entre otras, una mano más cuidada que las pertenecientes a los soldados.
Ello le hizo pensar que, entre los jugadores, debía encontrarse algún oficial. Decidido a averiguar quién era sacó de su bolsillo una moneda de plata, y acercándose aún más, exclamó:
-¡ A la sota !
Pero sucedió que al estirar Belgrano el brazo para depositar la moneda, un soldado alcanzó a ver los adornos verdes de su chaqueta y dió la señal de alarma, gritando:
-¡ Cotorrita !!
Una mano callosa apagó la vela. El gurpo se deshizo mágicamente. El general, solo y como si viera visiones, quedó un instante clavado en su sitio.
Despacio encaminóse hacia su tienda sabiendo que en el campamento patriota se jugaba, pero sin haber podido averiguar quiénes eran o pudieran ser aquellos que violaban sus órdenes.

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