sábado, 31 de diciembre de 2011

¡Felíz 2012!


A todos/as los/as lectores/as del blog, y a los/las que no lo son también, que tanto joder, les deseo una muy feliz salida del 2011 y una mejor entrada para el 2012. Que lo mejor de este año que se va sea lo peor del que está a punto de entrar.

viernes, 23 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD 2011



Hola mis amigos/as: A través de mi bitácora quiero enviarles mis mayores deseos de una muy Felíz Navidad para todos y todas.

Eduardo

sábado, 3 de diciembre de 2011

LA NOVIA DEL ESTANCIERO O SEA LA NOVEL HISTORIA DE FELICITAS GUERRERO DE ÁLZAGA (7ma Parte)


La felicidad de Ocampo en La Postrera se interrumpe abruptamente.
En el casco de la estancia resuena la ronca voz del comisario intimando su rendición. Alguien ha delatado su presencia en la estancia de la viuda de Álzaga y ahora hombres armados rodean el caserón.
Adentro, Felicitas intenta persuadir a Ocampo para que escape. Pronto volverán a estar juntos. Ella promete acudir de inmediato a Buenos Aires y gestionar su perdón.
Enrique, nervioso, se pasea por el amplio comedor con su Smith & Wesson en mano.
Tadeo avisa a su señor que ya está todo dispuesto para huir. Dos caballos aguardan en una de las caballerizas. Si salen por atrás sólo deberán evadir a tres milicos que esperan por él.
Felicitas ordena a Aparicio ayudar a Ocampo en su escape. Si es necesario deberá abrir fuego contra la milicia que, subrepticiamente, ha irrumpido en La Postrera.
Un beso profundo, una rápida caricia, son los únicos signos de la despedida de los amantes.
Ocampo y Tadeo, armados, salen al encuentro de sus captores. Aparicio, cubre la fuga disparando desde el interior de la casa.
Felicitas está asustada. Puede ver a los dos hombres escabullirse entre gritos y disparos. Una bala alcanza a Tadeo. Ayudado por Ocampo, logra montar en uno de los caballos. A galope ambos se alejan del lugar, mientras una partida de milicianos y policías intenta darle alcance. Albina, que ha presenciado toda la escena, se regocija con el fruto de su delación.
Ocampo y Tadeo han cabalgado todo el día. El fiel sirviente de Enrique está mal herido. En la costa del río Salado se han ocultado en un frondoso bosque a la espera de la noche. Mientras Ocampo maldice a su delator, la agonía de Tadeo culmina. Enrique, profundamente agobiado, se arroja sobre el cuerpo inerte se su leal criado.

domingo, 6 de noviembre de 2011

LA NOVIA DEL ESTANCIERO O SEA LA NOVEL HISTORIA DE FELICITAS GUERRERO DE ÁLZAGA (6ta Parte)


La desesperación no deja a Albina Casares conciliar el sueño. La insospechada llegada de Ocampo la ha sumido en un mar de sentimientos encontrados.
Una irrefrenable onda de besos y risas llega desde la habitación contigua. Allí están Enrique y Felicitas, dichosos, radiantes. Ambos libran un ardoroso combate cuerpo a cuerpo, cuyo fragor lastima a la amiga de la viuda de Guerrero.
Envuelta en su negligé de brocado azul, Albina se pasea inquieta por la habitación. Piensa. Se debate entre la furia y el dolor, entre el amor y la lealtad. Debe abandonar el papel de mujer sumisa. Por mucho tiempo ha soportado la fría ignorancia de Ocampo, pero ella se siente fiel a su amiga Felicitas y abomina traicionarla.
La alharaca de la recámara contigua por momentos le resulta comprometedora. Doliente, Albina apoya su espalda en la pared. Cierra sus ojos y muerde sus labios. Una infinita angustia la invade y se apodera de su frágil espíritu.
Cae de rodillas, sollozando en la penumbra del dormitorio. Magullada, indefensa, permanece en el piso, acurrucada, por varios minutos que le resultan eternos. Súbitamente, el silencio ocupa el sitio. Escucha algunas palabras sueltas de su amiga. “Infamia”, “castigo”, “traición”…
Toma la vela que, tímidamente, ilumina el cuarto y sale al pasillo. Se aproxima a la puerta de la recámara de Felicitas. La siente preocupada. Ocampo intenta calmarla.
Observa por el ojo de la cerradura. Distingue el cuerpo desnudo de su amiga. Felicitas está alterada y se asemeja a una fiera enjaulada. Se pasea de un lado al otro por la habitación. Agita su cabello suelto. Gesticula. Por momentos, exclama que ha ofendido la memoria de Álzaga; que lo allí sucedido llegará a los salones de Buenos Aires; que la señalarán implacablemente; que no soportará el reproche social por su nuevo amor…
Albina percibe el clásico olor al tabaco de Ocampo. A través de la estrecha cerradura no alcanza a divisarlo. Lo supone aún en la cama de jacarandá que en vida usara Don Martín y su esposa. Sin embargo, escucha su voz tratando de apaciguar el espíritu embravecido de Felicitas Guerrero.
Albina Casares continúa espiando pero la luz de la vela se filtra por debajo de la puerta de la recámara de los amantes. Ocampo lo observa. Advierte la presencia de alguien en el pasillo. Felicitas, impetuosa, abre violentamente la puerta. El estupor de ambos es absoluto: no hay nadie.
Velozmente, Albina ha regresado a su cuarto. Ahora, la voracidad de los celos se ha apoderado de ella.

viernes, 28 de octubre de 2011

LA NOVIA DEL ESTANCIERO O SEA LA NOVEL HISTORIA DE FELICITAS GUERRERO DE ÁLZAGA (5ta PARTE)


La noche lentamente envuelve a La Postrera.
Felicitas y Albina, sentadas a la gran mesa de caoba, aguardan que Bautista sirva la cena.
La viuda de Álzaga comenta su deseo de ir por la mañana hasta el pueblo. Debe resolver ciertas cuestiones relativas a la venta de hacienda con Pascual Benítez, un comisionista de Dolores.
Albina, atentamente, escucha las reflexiones que su amiga formula sobre la cría y venta de ganado. Admira y hasta envidia la forma de ser de Felicitas. Esa mujer, tan resuelta, tan valiente y hasta desafiante frente a esos rigurosos límites que la moral social impone, es el centro de miradas de muchos jóvenes porteños. Ni hablar de Ocampo, quien ha partido a luchar a Entre Ríos con tal de escapar a su poderoso embrujo. Albina haría lo imposible por borrar ese apasionamiento enfermizo que lo impulsa hacia Felicitas. El amor que siente por Ocampo lacera su espíritu frágil. La muerde, la desgarra en su sentir más íntimo. No conoce humana fórmula de contener los sentimientos briosos de Enrique. Simplemente, debe ahogar su pasión y soportar el dolor en una brutal soledad.
Bautista sirve una exquisita chatasca.
Las dos mujeres saborean el plato que prepara la negra Dominga, experimentada cocinera de la estancia. La brisa fresca de la noche se cuela por la ventana. Con ella llega el perfume juvenil del jazmín y el aroma cimbreante de los primeros nardos.
Repentinamente, los acordes de una guitarra y la voz quejumbrosa de un payador quiebran el silencio nocturno. Albina siente como ese cantar la desgarra. Angustiada, abandona la mesa y corre hasta la ventana con el tiránico y exclusivo deseo de vislumbrar una figura diferente a la de Ocampo. En su desesperación, tambalea. Felicitas intenta ayudarla y al aproximarse ella al ventanal, la gauchesca sombra de Enrique se muestra entre los talas.
La dicha embriaga a Ocampo. Felicitas y él se han reencontrado. Enrique, en su delirio, entona una nueva vidalita. Felicitas, arrobada, sale al jardín a su encuentro.

VIDALITA DE ENRIQUE OCAMPO

Vidalita, recuerda
este cielo pulcro y estrellado
bajo cuyo guardián manto
hoy canta un payador atormentado.

Tiempo hace que marché
a libertar una tierra ultrajada
y así por fin olvidar
los ojos negros de mi amada.

Más entre montes y cañadas
portando erguida mi tacuara
he visto una y otra vez
a la china que me embrujara.

De alborotos y entreveros
he salido siempre airoso.
Cuerpiando milicos y enganchaos
a tu ventana he llegado victorioso

Vidalita no olvides jamás
a este matrero valiente
que cansao de guerrear
piensa en ti devotamente.

domingo, 2 de octubre de 2011

LA NOVIA DEL ESTANCIERO O SEA LA NOVEL HISTORIA DE FELICITAS GUERRERO DE ÁLZAGA (4ta Parte)


Desde la cubierta de “La Sirena”, Ocampo otea la costa. Cada vez está más cerca de Felicitas Guerrero. Piensa en lo ocurrido durante los últimos días y en ese golpe de suerte que lo ha llevado hasta las costas de Samborombon .
Es que, después de la sorpresa de Alcaraz, él y sus tres compañeros de armas vagaron hasta la boca del Guayquiraró, en el Paraná, encontrando, providencialmente, una goleta fondeada en aquel sitio.
La hábil negociación con el capitán del barco, permitió que fueran conducidos a salvo hasta el puerto de Las Conchas. Allí, Ocampo supo que, Braulio y él, eran afanosamente perseguidos por las fuerzas Nacionales para su detención.
Fue así que, de Las Conchas, partió un marinero hacia la casa de Ocampo, en Buenos Aires, llevando correspondencia para su familia e instrucciones para el leal Tadeo.
Estas últimas eran muy claras. Requería a su sirviente viajar de inmediato, con monturas, hasta la boca del río Salado, esperarlo en aquel sitio hasta su arribo y galopar, luego con él, hasta la estancia de Felicitas.
Tres días después, La Sirena partió al amparo de una suave brisa. Navegaron por el Río de la Plata, sorteando sus peligrosos bancos; se aproximaron a Punta Ballenas y, en la distancia, fueron capaces de distinguir la lúgubre silueta de la fortaleza de Barragán. Finalmente, en la noche del 11 de febrero, entraron en la bahía de Samborombon.
Al amanecer, la nave se ha aproximado a la costa.
El capitán Twain advierte la cercanía de la boca del río Salado. Ocampo, divisa una ambarina señal desde tierra. Es el viejo y digno Tadeo, que agita un gallardete amarillo, siguiendo las instrucciones de su patrón.
Enrique se despide de Braulio y de toda la tripulación que tan generosa ha sido con él y los suyos. Podestá Peña continuará hasta Montevideo, junto con los orientales sobrevivientes de Alcaraz. Allí permanecerá, como en otras épocas, a la espera que la situación se apacigüe.
Velozmente, una chalupa conduce a Enrique a la costa.

¡Cuantos meses sin ver a su leal criado! Ya en tierra y vivamente emocionado, Ocampo abraza a Tadeo, quien lo ha esperado en el lugar convenido desde la anterior noche. Luego de la larga ausencia, el regocijo es mutuo. Antes que su mayordomo, Tadeo, es su amigo, fiel y sincero, quien muchas veces le ha mostrado el rumbo pero, ante todo, le ha brindado su valiosa ayuda cuando Enrique lo necesitaba.
Más Ocampo ya no quiere esperar. Felicitas está en La Postrera y desea ganar la estancia cuanto antes. Tadeo estima que, al caer la noche, llegarán a las tierras de la viuda de Álzaga.
Ambos montan en los zainos que el criado ha traído desde Buenos Aires. A galope, sus figuras son devoradas por la soledad de esa inconmensurable pampa agreste y cerril.

domingo, 25 de septiembre de 2011

LA NOVIA DEL ESTANCIERO O SEA LA NOVEL HISTORIA DE FELICITAS GUERRERO DE ÁLZAGA (3era Parte)


La batalla ha sido cruenta. Enrique y Braulio han logrado escapar de los Nacionales junto con un grupo de paisanos. En los campos de Ñaembé perecieron muchos de sus compañeros. López Jordan ha dispuesto replegarse a Entre Ríos.
La noche anterior a la batalla, Ocampo tuvo noticias de Felicitas. La esquela, había sido enviada casi dos meses atrás y fue el sargento Aparicio Quiroga quien se encargó que ella llegara a sus manos. La carta entusiasmó a Enrique, especialmente la última parte. “Recordado Ocampo, -escribía Felicitas Guerrero- pienso en Usted diariamente y en todas las privaciones por las que ha de estar pasando. Anhelante, aguardo que pronto concluya esta vesánica lucha. Mucho deseo verlo. Cuídese. No quiero perderlo. No lo soportaría…”
Reintegrado el grupo al grueso de la tropa, Ricardo López Jordan mandó a llamar a Ocampo.

La reunión duró casi una hora. Luego de transmitirle su agradecimiento por su adhesión a la causa entrerriana, de explicarle sus planes militares y políticos, el caudillo encomendó a Enrique y a Braulio Podestá Peña la misión de llegar hasta el campamento del coronel Carmelo Campos a fin de articular una nueva acción contra los nacionales.
Los dos amigos parten a la siguiente mañana, acompañados de un variopinto grupo de catorce paisanos. Dos entrerrianos, tres orientales, cinco paraguayos y cuatro brasileños. La tropa refleja la composición de la montonera jordanista.
En su marcha hacia Entre Ríos, hábilmente se escamotean entre grupos de Nacionales. Con gran peligro vadean el Guayquiraró. Finalmente, queda atrás Corrientes, hostil y adversa a la causa por la que pelean.
La noche los sorprende en las ruinas de la capilla Nuestra Señora de los Dolores, en el desolado pueblo de Alcaraz. Enrique se ha recostado a descansar sobre uno de los pilares derruidos del templo. Permanece por varios minutos con la mirada clavada en el cielo entrerriano. Transportado, avista el rostro de Felicitas Guerrero, quien lo llama al definitivo reencuentro.
Súbitamente, siente un ruido de hojas y ramas. Al instante, un grupo de Nacionales se arroja sobre el contingente jordanista. Ocampo blandiendo una tacuara, ferozmente, arremete contra los atacantes. Luego, toma su Smith & Wesson y dispara.
Superados en número, ordena replegarse hacia el arroyo cercano. Advierte que, mayormente, su tropa ha sido asesinada.
Braulio y dos orientales todavía pelean
Reagrupados los cuatro hombres, se esfuman en la espesura del monte.